El ají de gallina aparece cuando quieres comer rico. Tiene ese olor a ají amarillo que te avisa que la cocina está trabajando, y esa crema espesa que te obliga a bajar el ritmo y sentarte.
Hoy lo vas a entender y a preparar sin enredos. Te cuento una historia breve, lo esencial de los platos peruanos, y una receta para que te quede cremosa desde el primer intento. Y lo ajustas a tu gusto sin perder esencia.
Ají de gallina historia y por qué es un clásico peruano
Historia del ají de gallina
Piensa en una olla, una cuchara y un aderezo que va cambiando de color. En muchas casas ese primer golpe de aroma marca el inicio de un almuerzo familiar, de esos que se sirven con arroz y conversación.
Sobre su origen, lo más aceptado es que nace dentro de la cocina criolla y, en especial, de la cocina limeña, con raíces coloniales y un recorrido de adaptación. Se suele contar que platos de gallina deshilachada y salsas espesadas con pan fueron evolucionando con ingredientes locales como el ají amarillo, hasta convertirse en la versión cremosa que hoy reconoces. Como pasa con varios platos tradicionales, hay matices y versiones, pero la idea central se repite: cocina casera que se fue afinando con el tiempo, sin necesidad de ponerse elegante.
Por qué es un clásico que siempre vuelve
Se volvió clásico porque combina tres cosas que el Perú domina: sabor redondo, textura reconfortante y practicidad. No necesita técnicas raras, aprovecha ingredientes accesibles, y permite cocinar para varios sin perder cariño. Por eso está en la lista de platos criollos que vuelves a pedir cuando quieres sentirte en casa. Tiene carácter, pero también paciencia: te deja ajustar el picor, el espesor y el punto de sal hasta que te quede a tu estilo, y aun así sigue siendo ají de gallina.

Ingredientes del ají de gallina, lo esencial para que salga bien
- Ají amarillo: es el corazón del plato. Da el sabor típico y el picor manejable. Si usas ají fresco, quitar venas y pepas baja la intensidad sin matar el aroma; si usas pasta, elige una que huela a ají de verdad, no solo a aceite.
- Pollo o gallina deshilachada: aporta la parte carnosa y se integra mejor si la cocinas primero en un caldo suave. Lo importante es que quede jugosa para que no se reseque cuando entre a la crema.
- Cebolla y ajo: construyen el fondo del aderezo. Bien sudados, dan dulzor natural y hacen que el ají se sienta más redondo, menos agresivo.
- Espesante: normalmente pan o galleta, remojado en leche o caldo. Esto da cuerpo y esa textura cremosa que no debería sentirse arenosa.
- Leche y caldo: ayudan a formar la salsa y a controlar el espesor. La leche suaviza y el caldo te da margen para aligerar si se pone muy denso.
- Condimentos: sal, pimienta y, según costumbre, una pizca de comino. La idea es acompañar, no tapar el ají.
Opcionales que suman: un toque de queso fresco o nuez puede dar más suavidad y profundidad. Úsalos solo si te gusta el resultado, no por obligación.

Ají de gallina receta paso a paso para que te salga cremosa
Paso 1: Cocina el pollo y guarda el caldo
Cocina el pollo en agua con sal y, si quieres, un pedacito de cebolla para perfumar. Cuando esté listo, deshiláchalo y reserva parte del caldo. Ese caldo te salva si luego necesitas ajustar textura sin lavar el sabor.
Paso 2: Haz el aderezo con calma
En una olla, sofríe cebolla picada y ajo hasta que queden bien suaves y dulces, sin quemarse. Agrega el ají amarillo (pasta o licuado) y cocínalo unos minutos para que pierda el sabor crudo. Este paso define si tu ají de gallina va a quedar fino o áspero, así que no lo apures.
Paso 3: Prepara la base cremosa
Remoja pan o galleta en leche tibia (o leche con un poco de caldo) y licúa hasta que quede liso. Si tienes queso o nuez y los quieres usar, puedes integrarlos aquí para que la crema quede más uniforme.
Paso 4: Junta aderezo y crema hasta lograr el espesor
Vierte la crema en la olla con el aderezo poco a poco, mezclando a fuego bajo. Si espesa demasiado, agrega un chorrito del caldo reservado. Si queda suelto, deja que cocine unos minutos más, siempre moviendo para que no se pegue. Prueba y ajusta sal y condimentos.
Paso 5: Integra el pollo y dale el último punto
Agrega el pollo deshilachado y mezcla hasta que se caliente y se impregne bien. Evita hervir fuerte: el fuego bajo mantiene la crema estable. Si al final quieres más suavidad, ajusta con un poquito de leche o caldo, según te guste.
Paso 6: Sirve como manda la costumbre
Sirve con arroz blanco y acompañamientos clásicos como papa sancochada, huevo duro y aceituna. No necesitas recargar el plato: la gracia es que la crema sea la protagonista y que cada bocado tenga equilibrio.

Para que te quede como de casa en el primer intento
El mejor truco es la paciencia. Si la salsa se corta, suele ser por fuego alto o por mover poco. Mantén el fuego bajo, mezcla seguido y ajusta la textura al final, cuando el pollo ya está dentro. Para recalentar, usa una olla pequeña y un chorrito de caldo, y vuelve a mover hasta que recupere brillo. Si te sobra, guárdalo en un recipiente cerrado y recaliéntalo suave; al día siguiente suele estar más asentado.
Si quieres armar un recorrido de sabores peruanos, después de este plato te queda perfecto leer sobre ceviche peruano y contrastar lo cremoso con lo fresco. Y cuando te animes a seguir, guarda este antojo y sigue explorando en Hotel del Campo.
